jueves 9 de febrero de 2012

Consenso general



Una semana después, el consenso al respecto es general. Tenemos dos giocondas. Una está en París y la pintó Leonardo da Vinci hace quinientos años. La otra está en Madrid y la pintó Andrea Salai (o Francesco Melzi, en eso los científicos no hemos llegado todavía a una conclusión definitiva) hace quinientos años también. Las pintaron más o menos a la vez en el taller que el maestro tenía en Florencia y mientas a su alrededor un grupo de músicos tocaba composiciones renacentistas y un par de bufones contaban chistes intentando conseguir que la modelo sonriera (que sí, que lo cuenta Vasari en un libro, coño). Por lo visto, Leonardo pintó el cuadro mirando a la modelo y Salai (o Melzi, aunque yo personalmente me alineo junto a los colegas que se inclinan por el primero) lo hizo mirando a Leonardo.
Es verdad que todavía hoy siguen persistiendo las mismas dudas que han existido siempre sobre la identidad de la modelo: ¿Se trata realmente de Lisa Gheradini, esposa de Francesco di Bartolomeo, alias el Giocondo? ¿Leonardo y ella eran amantes o solo amigos? ¿Estaba o no estaba embarazada? ¿Sufría de ictericia o era simple estreñimiento? ¿Tenía todos los dientes? Una cosa, sin embargo, ha quedado clara, ya digo.
-Sí, la nuestra está más buena.
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