martes 24 de enero de 2012

Yo tampoco fui a la Revetla

Sí, ya sé que hoy tocaría ponerse a hablar aquí de las fiestas, pero es que, para empezar, yo a la Revetla de Sant Sebastià no voy nunca. Ni a la Revetla de Sant Sebastià ni, ya que me lo preguntan, al Derby de Ascot. Los tengo vetados a los dos, lo siento mucho. Lo del Derby de Ascot supongo que se entenderá perfectamente toda vez que los mismos responsables del hipódromo han decidido no hace ni dos días poner coto al desmadre y a partir de ahora quedará limitado el diámetro de los tocados de las señoras y se pondrá también una medida mínima para las faldas. No sé yo si servirá para algo, francamente: cuando se pierden las esencias luego ya es muy difícil recuperarlas. No es solo una cuestión de centímetros de más o de menos.

A la Revetla de Sant Sebastià fui una vez hace ya más de veinte años -cuando todavía no me dedicaba a escribir artículos y no necesitaba actuar conforme al personaje gruñón que me he inventado para mí mismo- y ya no se me ha ocurrido volver nunca más. No crean que en ello haya tenido algo que ver el hecho de que el nivel de las actuaciones musicales sea cada vez menor: tampoco me llegué hasta la plaza de Cort ninguno de los tres o cuatro años seguidos en los que actuó allí "La Década Prodigiosa".

Recuerdo que esa única vez que fui a la Revetla me planté ante el fogueró de la plaza Mayor con dos sándwiches vegetales con pavo y mayonesa y todos mis amigos se me quedaron mirando y entre mis amigas se me comieron uno entero. Desde entonces, la víspera de San Sebastián procuro apañármelas para estar de viaje o me encierro en casa a cal y canto alejado de los ruidos, el humo, el olor a carne torrada y, sobre todo, las manos grasientas de los conocidos que se acercan a saludar.
Un paseo por Ciutat, en Última Hora