jueves 12 de enero de 2012

Wilbur y Orville

Los americanos se han jactado siempre de que si bien es verdad que Dios creó al hombre, no lo es menos que quien realmente hizo a los hombres iguales fue Samuel Colt. Me guardaré mucho de entrar a discutir a estas alturas el papel de protagonista que se reclama para el inventor del revolver dentro de la historia de la humanidad (de hecho, que desde el principio fuera el Ku Klux Klan el más firme opositor a la libertad de armas más bien me incita a apoyar la moción), pero, con todo, yo no descartaría tan alegremente a los hermanos Wright.

Que en 1903 Wilbur y Orville Wright fueran capaces de hacer que el Flyer I se elevara cuarenta metros sobre el suelo de Kitty Hawk durante doce segundos ha terminado significando tanto para la igualdad del ser humano normal y corriente como la imagen del coronel Colt haciendo rodar su tambor de cinco balas casi tres cuartos de siglo antes. Basta con acudir a cualquier aeropuerto a las seis de la mañana para comprobarlo. Al de Palma mismo.

A las seis de la mañana en el aeropuerto de Palma hay gente que ha llegado en taxi, gente que lo ha hecho en autobús y gente tan hijoputa que ha conseguido que sea un amigo quien la lleve. Gente que viaja para cerrar un negocio, gente que se marcha de vacaciones y gente que huye dejando atrás una vida entera. Gente que vuela en primera y gente que lo hace en turista. Gente diferente, en suma, a la que hoy convierte en igual el infortunio de no haber encontrado billete para volar a una hora más decente y poder dormir un poco más. Gente que se consuela al ver que ahora mismo, a las seis y cinco, acaba de llegar también Rafael Nadal con sus raquetas. Y todo gracias a los hermanos Wright. Wilbur y Orville, ya digo.