martes 3 de enero de 2012

La ciudad de los nombres perdidos

A estas alturas yo todavía me refiero al Carrefour como Pryca y en mi familia hay quien sigue empeñado en llamar Galerías Preciados al Corte Inglés de Jaime III. Dios puso nombre a todos los animales, pero cuando le tocaba hacer lo mismo con el resto de la creación parece que de pronto le entró flojera y dejó al hombre a cargo del trabajo mientras él se tomaba un día entero libre para asuntos propios. Y así hemos llegado hasta hoy, que no solo no nos ponemos de acuerdo en cómo llamar las cosas nuevas sino que además hay ocasiones en que ya no recordamos cómo dijimos que se llamaban las antiguas.

Palma es ahora Palma de Mallorca, que es el nombre con el que los palmesanos la llamamos solamente cuando salimos a ver mundo y muchas veces -ya sea por abulia, pereza o porque no nos sale de los huevos- ni siquiera eso. En Palma, además, tenemos una plaza del Tubo, otra del Supositorio, otra más de los Patines e incluso una del Caballo Loco que en los callejeros de la ciudad aparecen indicadas con un nombre que solo conocen los que allí viven y el cartero del barrio por imperativo legal. Tenemos también un barrio de Corea cuya existencia no aparece recogida en ningún estudio toponímico, pero a nadie le hace falta un plano para saber por dónde no pasear después de las nueve de la noche.

El estadio de Son Moix, en cambio, acostumbra a cambiar de nombre según quién pague el nuevo bautizo, pero luego solo lo llama Ono o Iberostar la gente que escribe en los periódicos, habla en las radios y sale en las teles, que también es la única, por cierto, que se refiere al Mallorca como "equipo rojillo" o incluso "bermellón", palabras que entre nosotros nadie ha usado jamás por la cuenta que le trae.
Un paseo por Ciutat, en Última Hora

1 comentarios:

Kiko Rodriguez dijo...

¿No vas a contar nada del hipopótamo?