sábado 17 de diciembre de 2011

Nostalgia en la calle 34

Eran las diez de la noche y llevaba poco más de media hora tan solo en Nueva York. Había salido a la superficie en una boca de metro de Lexington, caminado dos o tres manzanas (hay que ver lo rápido que me había habituado a la vida neoyorquina), llegado a mi hotel, dejado la mochila y salido corriendo a tener mi primer contacto con la ciudad. No necesitaba un mapa porque sabía perfectamente cómo ir al primer lugar que quería visitar: todo recto por la calle 47 cruzando la Tercera, Lexington, Park Avenue y Madison hasta la Quinta; giro a la izquierda y todo recto otra vez. No había pérdida alguna. Alli al fondo estaba, irguiéndose sobre el resto del skyline, el Empire State Building.

Me detuve ante la puerta, miré hacia arriba, entré en el vestíbulo, deambulé por entre los turistas, me acerqué a los ascensores, salí a la calle y volví a entrar y a deambular, pero al final no subí. Ni al observatorio del piso 102 ni siquiera al del 86, que creo que es más barato. Decidí dejarlo para otro día o, mejor, para otro viaje. Me gusta dejar cosas pendientes que hacer en las ciudades a las que voy: en París, entrar a ver la Mona Lisa; en Venecia, dar un paseo en góndola; en Singapur, ir a que me den un masaje tailandés...

Al salir, volví sobre mis pasos, doblé la esquina y entonces caí en que estaba nada menos que en la calle 34. La de la película. Caminé por ella un poco a la aventura y de pronto vi el letrero con la estrella. Allí estaban también, muy cerca del Empire State Building, los almacenes Macy's.

Faltaba todavía un mes para Navidad pero sus escaparates aparecían ya decorados para las fiestas y la gente se plantaba en la acera a admirarlos. Precisamente, tras los cristales estaban representados, como si fuera un belén, diferentes episodios de la historia que me había llevado hasta allí. Con todos sus personajes: la niña, su madre descreída, el vecino abogado, el juez, los carteros y por supuesto Santa Claus.

Había visto la película de niño. "Milagro en la calle 34", se llamaba, aunque entonces el título se tradujo al español con cierta liberalidad y ya lo he olvidado. Supongo que recordarán el argumento: el hombre que los almacenes Macy's de Nueva York acaban de contratar para hacer de Santa Claus durante la campaña navideña resulta que va por ahí afirmando ser realmente Papá Noel y la cosa acaba en un juicio por incapacidad mental. (Y hasta aquí les cuento, no sea que quede alguien que todavía no la haya visto en ninguna de sus versiones.)

Estuve un buen rato parado ante el escaparate. Eran ya casi las diez y media de la noche y Macy's hacía un par de horas que había cerrado sus puertas. Al día siguiente volví y entré.

1 comentarios:

Kiko Rodriguez dijo...

Para evitar que me califiques como "imbecil de los viajes", solo te diré que me suena lo de la calle 34 y que la recorrí bastantes veces. Como solo estuve una semanita, y en verano, no te diré nada sobre el Macy's, ni el edificio de los monitos, ni los precios del starsbuck con wifi sito en la misma calle.