martes 6 de diciembre de 2011

Hora del recreo en Can Miquel

Cada vez que voy al Forn de sa Pelleteria atravieso a toda leche la plaza de Santa Eulalia inmerso en dudas y temiéndome lo peor. Para empezar, nunca recuerdo cuándo dijo Miquel que se jubilaba y siempre pienso que igual lo hizo hace dos días y hoy me lo encuentro todo cerrado y con carteles de "se traspasa". Cuando al final de la calle doblo la esquina y veo que está abierto respiro aliviado por fin. Ahora solo me resta saber si a estas horas todavía le quedan cremadillos, no sea que me tenga que conformar con llevarme a casa uno de esos triángulos de chocolate que tanto les gustan a los estudiantes de Montesión.

En mis tiempos los niños llevábamos al cole bocadillos de jamón o de queso y eso era lo que merendábamos. Claro que también es verdad que junto a mi colegio no había un lugar como Can Miquel. Lo que teníamos era un pequeño colmadito allí en la esquina en el que como mucho podías comprar un tigretón. En mis tiempos había tigretones, bonis y sobre todo panterasrosas, que eran los pastelitos que a mí más me gustaban y que en aquella tiendecita no vendían no sé por qué. En el fondo, el triángulo de chocolate viene a ser como un tigretón pero en versión artesanal, casera y sin conservantes. En cambio, en el Forn de sa Pelleteria no hay nada parecido a un panterarrosa y eso sí que me parece un fallo (aunque tampoco voy a irle a Miquel con reclamaciones ahora que le falta poco para retirarse).

Cuando llego al Forn no hay nadie más porque todavía falta diez minutos para la hora del recreo y, menos mal, todavía quedan cremadillos. Me llevo cuatro. De vuelta a casa, me arrepiento de no haberme llevado también un triángulo de chocolate para ver qué tal es. Tendré que volver otro día. Y sigo sin recordar cuándo dijo Miquel que se jubilaba.
Un paseo por Ciutat, en Última Hora