En mis tiempos los niños llevábamos al cole bocadillos de jamón o de queso y eso era lo que merendábamos. Claro que también es verdad que junto a mi colegio no había un
lugar como Can Miquel. Lo que teníamos era un pequeño colmadito allí en la esquina en el que como mucho podías comprar un tigretón. En mis tiempos había tigretones, bonis y sobre todo panterasrosas, que eran los pastelitos que a mí más me gustaban y que en aquella tiendecita no vendían no sé por qué. En el fondo, el triángulo de chocolate viene a ser como un tigretón pero en versión artesanal, casera y sin conservantes. En cambio, en el Forn de sa Pelleteria no hay nada parecido a un panterarrosa y eso sí que me parece un fallo (aunque tampoco voy a irle a Miquel con reclamaciones ahora que le falta poco para retirarse).Cuando llego al Forn no hay nadie más porque todavía falta diez minutos para la hora del recreo y, menos mal, todavía quedan cremadillos. Me llevo cuatro. De vuelta a casa, me arrepiento de no haberme llevado también un triángulo de chocolate para ver qué tal es. Tendré que volver otro día. Y sigo sin recordar cuándo dijo Miquel que se jubilaba.
Un paseo por Ciutat, en Última Hora
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