En septiembre 1938, Henry Tandey, héroe de la I Guerra Mundial, condecorado con la Cruz Victoria, recibió en su casa la llamada del primer ministro británico. Neville Chamberlain tenía un mensaje que transmitirle. Antes, quiso cerciorarse de que era el mismo Tandey que contaba que en la batalla de Marcoing en 1918 había decidido no dispararle a un soldado alemán herido que tenía a escasos metros. Tandey confirmó que era él y que aquel episodio era cierto. Él no disparaba a enemigos heridos. Siendo así, Chamberlain quería hacerle llegar el agradecimiento personal de aquel soldado alemán al que pudo matar y no quiso. Acababa de estar con él en su refugio de los Alpes Bávaros. Se llamaba Adolf Hitler.
Quizás no fuera en Marcoing en 1918 sino en Yprés en 1914. Quizás no fuera Henry Tandey y quizás tampoco la llamada de Chamberlain se produjera nunca. Aunque también puede que todo sea cierto. Cierto es, sin duda alguna, que durante la I Guerra Mundial Adolf Hitler estuvo en el punto de mira de un soldado británico que al final no disparó.
Quizás no fuera en Marcoing en 1918 sino en Yprés en 1914. Quizás no fuera Henry Tandey y quizás tampoco la llamada de Chamberlain se produjera nunca. Aunque también puede que todo sea cierto. Cierto es, sin duda alguna, que durante la I Guerra Mundial Adolf Hitler estuvo en el punto de mira de un soldado británico que al final no disparó.